El antojo de la piel bajo un rayo de luz
Cada día se prepara para ir al trabajo, con su cara inocente, con los libros bajo el brazo.
Cada día se ve en el espejo, pregutándose tantas cosas, creyendo tener el futuro resuelto.
Pasa su día entre cuatro paredes escuchando hasta el murmullo de las hojas que pasan de mano en mano, no se puede concentrar. Las preguntas que se hace frente al espejo no la dejan en paz.
Come algo a las doce por no dejar. Pero a penas puede se marcha para el día terminar.
Hoy ha decidido cambiar la rutina, está cansada de no sentir, de vivir previniendo la caída, y de ser quien es cuando el mundo desaparece.
Comienza creyendo ser reina, luego baila al son del ritmo que corre por sus venas. Sin música elocuente, pero con movimientos de profesional. Luego es coqueta, y tambien ha sido doncella. Cada vitrina es una nueva historia, cada esquina es transitoria.
No le importa si la piel le pertenece, pero qué más da si solo es fantasía.
La fantasía de tener algo pasajero. La fantasía de pertenecer sin ser pertenecida.
El susurro de la noche comienza a desaparecer y deberá levantarse y regresar a su habitual calvario. No importa, piensa mientras se viste con sus zapatos rojos y sus medias de satín. En la noche habrá otra oportunidad para escapar, para sentir, para volar.
Comienza a caminar, comienza a sentir ese rayo de sol bajo la piel, que la ahoga, pues ella se hizo para vivir del anochecer.
Sabe ahora que jamás será correspondida, sabe que jamás podrá corresponder.
Y grita desde adentro una voz gimiendo: se llama deseo.
Cada día se ve en el espejo, pregutándose tantas cosas, creyendo tener el futuro resuelto.
Pasa su día entre cuatro paredes escuchando hasta el murmullo de las hojas que pasan de mano en mano, no se puede concentrar. Las preguntas que se hace frente al espejo no la dejan en paz.
Come algo a las doce por no dejar. Pero a penas puede se marcha para el día terminar.
Hoy ha decidido cambiar la rutina, está cansada de no sentir, de vivir previniendo la caída, y de ser quien es cuando el mundo desaparece.
Comienza creyendo ser reina, luego baila al son del ritmo que corre por sus venas. Sin música elocuente, pero con movimientos de profesional. Luego es coqueta, y tambien ha sido doncella. Cada vitrina es una nueva historia, cada esquina es transitoria.
No le importa si la piel le pertenece, pero qué más da si solo es fantasía.
La fantasía de tener algo pasajero. La fantasía de pertenecer sin ser pertenecida.
El susurro de la noche comienza a desaparecer y deberá levantarse y regresar a su habitual calvario. No importa, piensa mientras se viste con sus zapatos rojos y sus medias de satín. En la noche habrá otra oportunidad para escapar, para sentir, para volar.
Comienza a caminar, comienza a sentir ese rayo de sol bajo la piel, que la ahoga, pues ella se hizo para vivir del anochecer.
Sabe ahora que jamás será correspondida, sabe que jamás podrá corresponder.
Y grita desde adentro una voz gimiendo: se llama deseo.
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